Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies, aquí
Política de cookies +
Otsaila eztiegia, primadera txirtxilegia

ORIENTACIÓN AL USUARIO

Hemen zaude:
 
Gogoeta
Showroom
Javier Castañeda
Cast (id: 2123553)

 

 

 La Vanguardia-tik ekarrita  

 

Supongo que uno de los logros de la sociedad de consumo fue inventar los grandes almacenes. Un derroche de poderío invadía el subconsciente de todos aquellos que, habiendo vivido o no la posguerra, jamás habían visto tal cantidad de productos juntos. Todo limpio y reluciente. Perfectamente ordenado. Dispuesto para su adquisición.

 

Era casi un paraíso para los sentidos. Sobre todo para un país aislado durante mucho tiempo por una dictadura. En cierto modo la palabra transición en este contexto goza de pleno sentido, porque verdaderamente hubo una conversión paulatina del blanco y negro en color; de la escasez a la abundancia; de los días de ausencias a la plenitud; de los cuatro productos de siempre a un sinfín de estanterías repletas de objetos, vestidos, electrodomésticos y un largo etcétera que hacía las delicias de toda la casa. Llegaban vientos de un cierto desarrollo económico y, una vez entronizado el cambio, la ostentación empezó a ser símbolo cada vez más de un cierto estatus comercial. De los grandes almacenes se pasó a las grandes superficies repletas de escaparates concentrados. Concesionarios de coches con todos los modelos posibles. Tiendas de muebles con inacabables estanterías y almacenes gigantes. Inabarcables exposiciones de electrodomésticos, y toda una retahíla de comercios cuyo stock era sinónimo de su credibilidad. Tener algo en el almacén, para atender en el acto al cliente, era su máxima.

 

Pero poco a poco, los comerciantes empezaron a ser más realistas respecto al tremendo coste que suponía financiar la congelación de todo ese muestrario, se vendiera o no, sólo para exhibir su superioridad frente a otros comercios. No hay que ser un lince para entender que si un cliente tiene una demanda y el establecimiento la puede cubrir de modo instantáneo, la venta es prácticamente segura. De otro modo, es decir, cuando hay que hacer un pedido, esperar, etc.; existe un alto riesgo de que durante ese intervalo el cliente se enfríe y que su decisión de compra acabe en agua de borrajas. Pese a todo, la tendencia empezó a invertirse. Sólo las grandes marcas podían mantener un retén semejante en aras de hipotéticas ventas; pero incluso los grandes, empezaron paulatinamente a claudicar y a fomentar la venta por catálogo o por encargo. Entonces empezó a ser común que al ir a comprar cualquier cosa -desde una bombilla hasta unas cortinas, pasando por un sofá o una lavadora- nos dijeran que habían de pedirla a fábrica o al almacén.

 

Hoy, en la era de lo inmaterial y rendidos ante el triunfo de lo intangible, la reconstrucción de una sociedad -probablemente en proceso de licuación- considera altamente obsoleta la materia. Lo tangible parece haberse vuelto tosco y hasta ordinario. Hemos pasado de la abundancia, al recatado almacén que mantiene ciertos productos casi de muestra que completa sus ventas por catálogo. El colmo de la liviandad es una estación próxima a "La Nada"; o dicho en el argot de moda, un showroom. Y al amparo de tan nihilista tendencia, han surgido cientos de tiendas prácticamente vacías, en cuyo interior hay algunos artículos, 4 paredes pintadas en tonos atractivos y un ordenador conectado a Internet, todo ello presidido -normalmente- por una gran marca. Si buscamos un ejemplo fácil, toparemos con el paradigma: las tiendas de telefonía móvil. Pero si salimos de lo más obvio y hacemos una prueba por las tiendas del barrio, comprobaremos que gran parte de ellas funcionan on demand o bajo demanda. El fenómeno está a la orden del día en todo tipo de negocios, que van desde las farmacias hasta las tiendas de muebles, cuyo minimalismo es sólo contrarrestado por el volumen de su catálogo físico, aunque como ya casi todo es digital, pues ni eso. Ídem ocurre con la ropa, e incluso con el calzado; y así…

 

Me cuesta determinar si la vida actual es líquida, sólida o gaseosa, pero lo que sí parece claro es que la idea de una existencia "bajo demanda" va mucho más allá de lo que son los muebles, los trajes o las medicinas. El concepto se ha introducido de lleno en otros ámbitos como el cine, los libros, la informática, el ocio… o lo que es lo mismo, en la cultura, la educación y hasta en las relaciones personales. Obsesionados por alcanzar una vida de diseño, resulta más fácil ver una película u ojear una revista y decidir, bajo demanda, desde el tipo de peinado hasta el look o el físico que deseamos; desde nuestra pareja -en alguno de los múltiples catálogos que por ejemplo ofrece Internet- hasta el color de los ojos de nuestros hijos. Y así ad infinitum. Todo a la carta y a un solo clic. Fácil y sencillo. Tanto como llevar una vida showroom o de escaparate en la que nuestros gestos, acciones y reacciones, estén controlados no ya por nuestras decisiones o respuestas naturales, sino por un catálogo pautado por normas, exigencias, expectativas y demandas. Listos para satisfacer las demandas externas y capaces de esbozar con precisión la respuesta esperada, tan cerca de 'Un mundo feliz'

EREMU PRIBATUA


Copyright © 2008 - MONDRABERRI
Mondraberri@gmail.com - www.mondraberri.com
Tel: 943 797837 - Arrasate Pasealekua 3-bajo / P.K. 101 - 20.500 - ARRASATE